
El trabajo de tres generaciones.
No compramos un método para construirle un colegio alrededor. The Imagination Factory es el lugar al que llegó la experiencia de una familia con niños pequeños — y su terquedad heredada sobre cómo deben ser educados.
El método no se diseñó. Se fue acumulando.
Tres generaciones de esta familia han pasado su vida de trabajo con niños pequeños. Lo que cada una aprendió no terminó en una gaveta — se le entregó a la siguiente como práctica viva, para discutirla, corregirla y volverla a entregar.
Sobre eso está construida The Imagination Factory: no sobre una filosofía comprada en un estante, sino sobre un método moldeado por ocho décadas de práctica, desde 1947 hasta hoy — y por niños que siguen mostrándonos cómo debe seguir creciendo el trabajo.
La primera generación
estudió cómo los niños construyen conocimiento — y luego abrió un colegio para averiguar si la teoría sobrevivía al contacto con ellos.
La segunda generación
hizo crecer el trabajo, y protegió la parte que importaba mientras todo lo demás cambiaba alrededor.
La tercera generación
creció adentro — primero como alumnos, luego como facilitadores, luego como directores — y construyó The Imagination Factory alrededor de ese legado.
Facilitadores de lo posible.
Nuestros educadores preparan, observan, escuchan y responden. Reconocen las posibilidades de desarrollo que hay dentro del juego sin apurarse a revelar la respuesta. Ofrecen palabras, materiales, preguntas, ánimo cuando un niño duda y una seguridad tranquila cuando intentarlo se pone difícil. Su presencia es cálida y atenta; su confianza en los niños es real. Saben cuándo dar un paso adelante para apoyar y cuándo hacer espacio, para que cada niño pueda estirarse, correr un riesgo bien pensado y crecer sintiéndose acompañado.
El espacio comunica lo que creemos de los niños.
Grande y abierto, para que las posibilidades se expandan. Dinámico y conectado, para que las ideas viajen. Luminoso y acogedor, para que el mundo entre. Seguro y estimulante, para explorar sin miedo. Mágico y rico, porque la imaginación crece donde un ambiente puede convertirse en más de una cosa.
Tecnología con propósito. Los niños no tocan ni usan teléfonos, tabletas ni otros dispositivos personales. Los facilitadores pueden usar de vez en cuando recursos audiovisuales breves para apoyar una actividad específica, siempre con intención y con moderación. Queremos niños presentes: con los materiales, el movimiento, los demás y sus propias ideas.

¿Sabes hacerle espacio a una idea?
Buscamos adultos sensibles que respeten la infancia, mantengan viva la curiosidad, escuchen de cerca y sepan retar a un niño sin quitarle el descubrimiento. Si te reconoces en estas líneas, nos encantaría conocerte.
Preséntate →
Nuestra historia tiene más sentido cuando ves a los niños que la viven.
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